El 18 de marzo de 1849, María Rosa Molas llega a Tortosa para hacerse cargo de la Casa de Misericordia en el arrabal del Jesús; ha sido destinada por Sor Luisa Estivill como Superiora de la Comunidad, formada por las cuatro Hermanas que le acompañan.

El Ayuntamiento de Tortosa, que conoce el buen hacer de estas Hermanas en Reus, ha solicitado su presencia para hacerse cargo de la casa que se encuentra en muy mal estado, por la falta de higiene, el abandono y la mala gestión. En poco tiempo la casa queda transformada, los asilados, ancianos y niños, limpios y aseados, y se llega a convertir en un lugar de visita y paseo para los tortosinos. En esta casa María Rosa no sólo se preocupa de la asistencia y cuidado de los albergados sino que también, y muy especialmente, procura que no les falte la atención espiritual y religiosa. Muy pronto abre una escuelita para las niñas de los alrededores que no tienen instrucción.

En los años siguientes el Ayuntamiento pide a María Rosa que se haga cargo en Tortosa de la Escuela pública (1851) y del Hospital de la Santa Cruz (1852). En seguida estas casas se transforman gracias a las dotes organizativas de María Rosa y la entrega de las Hermanas.

A diario María Rosa hace el camino que va desde la Casa de Misericordia en el arrabal del Jesús hasta el Colegio y Hospital en Tortosa; los visita para conocer personalmente su evolución y para animar y aconsejar a las Hermanas. Estas nuevas responsabilidades requieren la llegada de nuevas Hermanas, obligan a María Rosa a sacarse apresuradamente el título oficial de maestra y traen consigo, especialmente el Colegio, preocupaciones y sinsabores que van minando su salud.





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